Muxia

Indómita, agreste, ventosa y, a veces desolada, la Costa da Morte, al oeste de A Coruña, a menudo es pasada por alto por los turistas que se dirigen al sur, a las playas de las Rías Baixas. Pero, a pesar que la Costa da Morte carece tanto del clima como de la infraestructura para el turismo a gran escala, cuenta de manera similar con hermosas calas, pequeños pueblos pesqueros pegados a los cabos, y boscosas laderas en sus montañas que le dan algo que no puedes encontrar en otros lugares, un lugar perfecto para descubrir pedaleando en bicicleta a nuestro ritmo.

Su nombre temible, que significa Costa de la Muerte, se debe al constante embate que la costa recibe de las olas del Atlántico. El más notorio de los innumerables naufragios que yacen en el fondo marino, es el del petrolero Prestige, que se partió en dos después de una feroz tormenta en 2002. A pesar de que 77.000 toneladas de petróleo crudo fueron liberadas en el océano, apenas un rastro de aceite se mantenía doce meses más tarde.

A Coruña

Un punto de partida ideal para comenzar el descubrimiento de este tramo de costa es A Coruña, y es desde donde arrancamos nuestro viaje en bicicleta por la Costa da Morte en el extremo noroeste de la región, una hermosa ciudad que ha conservado su encanto original y sencillo ambiente de pueblo de pescadores, a pesar de haber crecido hasta convertirse en uno de los principales motores de la economía de Galicia. El símbolo de la ciudad es la Torre de Hércules, de origen romano, el faro más antiguo del mundo aún activo.

El recorrido por la ciudad continúa a lo largo del puerto deportivo y la magnífica Avenida Marina, sobre la que se asoman casas con fachadas decoradas con las inconfundibles galerías, que son el sello arquitectónico de la ciudad y toda la región. La Ciudad Vieja es un laberinto de callejuelas, todas perfectamente limpias y ordenadas, donde es posible encontrar joyas arquitectónicas como la Colegiata de Santa María del siglo XII.

El corazón de la ciudad vieja es la Praza de María Pita, rodeada por el Ayuntamiento y magníficos edificios con galerías, y en cuyo centro se encuentra la estatua de María Pita, la heroína que en 1589 condujo la defensa de la ciudad contra las tropas británicas de Sir Francis Drake.

Malpica

Siguiendo el perfil sinuoso de la costa hacia el oeste, encontramos en nuestro viaje en bici numerosos pueblos de pescadores, algunos muy bien conservados, otros más melancólicos, como Malpica, cuyas casas, que parecen aferrarse a las rocas para evitar caer en el mar, ayudan a crear la imagen un verdadero y genuino pueblo de pescadores, donde el aire salado se mezcla con el olor a pescado fresco que sube del puerto, y que también cuenta con una hermosa playa de arena blanca.

Corcubión

Otro lugar para explorar la Costa da Morte es Corcubión, un antiguo pueblo de pescadores con casas antiguas restauradas y la preciosa iglesia de San Marcos, el santo patrón de la ciudad, que alberga un retablo del siglo XV.

Muxía

Muxia

Muxía, pocos kilómetros al norte, es otra hermosa ciudad, más moderna, donde se puede visitar el Santuario de la Virgen de la Barca, que data del siglo XVIII, y se encuentra en un promontorio con vistas al mar: un lugar mágico, donde sentarse en una roca a mirar las olas y escuchar su rugido mezclado en el canto de las gaviotas. La iglesia es también un lugar de peregrinación para muchos creyentes, y representa una extensión del Camino de Santiago: se dice que aquí se apareció la Virgen al apóstol Santiago, en una barca de piedra guiada por dos ángeles; según la leyenda, dos de las piedras que componían el barco aún se conservan aquí y se le atribuyen propiedades milagrosas.

Cabo Touriñán

Cabo Touriñan

A poca distancia de Muxía, Cabo Touriñán es un lugar maravilloso, donde casi no hay turistas, y donde se puede parar para contemplar el espectáculo natural o caminar a lo largo de los caminos que siguen las calas de la costa.

Finisterre

Fisterra

Un cabo más concurrido es el de Finisterre, del latín Finis Terrae, el fin de la tierra, el punto más occidental de la península Ibérica. Siempre golpeado por el viento, incluso cuando el sol brilla, desde el cabo, en los días claros, se puede disfrutar de una hermosa vista de la Costa da Morte.

Pasando el faro se puede llegar al espolón de roca que representa el verdadero finis terrae, sobre el que se yergue una cruz. Es mejor ir temprano en la mañana para disfrutar del espectáculo de la naturaleza en soledad, sin los numerosos turistas que llegan en masa durante el día.